“Receita de ano novo”
Publicado: diciembre 12, 2011 Archivado en: Imago, Préstamos Deja un comentario »
Para você ganhar belíssimo Ano Novo
cor do arco-íris, ou da cor da sua paz,
Ano Novo sem comparação com todo o tempo já vivido
(mal vivido talvez ou sem sentido)
para você ganhar um ano
não apenas pintado de novo, remendado às carreiras,
mas novo nas sementinhas do vir-a-ser;
novo
até no coração das coisas menos percebidas
(a começar pelo seu interior)
novo, espontâneo, que de tão perfeito nem se nota,
mas com ele se come, se passeia,
se ama, se compreende, se trabalha,
você não precisa beber champanha ou qualquer outra birita,
não precisa expedir nem receber mensagens
(planta recebe mensagens?
passa telegramas?)
Não precisa
fazer lista de boas intenções
para arquivá-las na gaveta.
Não precisa chorar arrependido
pelas besteiras consumidas
nem parvamente acreditar
que por decreto de esperança
a partir de janeiro as coisas mudem
e seja tudo claridade, recompensa,
justiça entre os homens e as nações,
liberdade com cheiro e gosto de pão matinal,
direitos respeitados, começando
pelo direito augusto de viver.
Para ganhar um Ano Novo
que mereça este nome,
você, meu caro, tem de merecê-lo,
tem de fazê-lo novo, eu sei que não é fácil,
mas tente, experimente, consciente.
É dentro de você que o Ano Novo
cochila e espera desde sempre.
Carlos Drummond de Andrade
A la vera de Insurgentes
Publicado: septiembre 14, 2011 Archivado en: Aquesta inventio Deja un comentario »Leía en el mítico Café de la Parroquia (campus Insurgentes) un artículo titulado “Surge el narco noir como género literario en México”, que en realidad es una entrevista a un escritor de ese género. Al calor de un ortodoxo filete a la veracruzana, me quedé pensando no en esa afirmación –cualquiera puede proferir la aparición de una corriente, género o temática al aire sin que ello suponga su fundación- sino en lo acomodaticio que puede ser incorporarse a una moda, en este caso, del tema.
Basta una hojeada por las librerías para ver la aparición de ese tipo de libros, sean narrativos o de investigación periodística, no sólo del narco como tema, sino de sus adyacentes, los socorridos temas en torno a. En términos periodísticos, esos libros de coyuntura están bien justificados, y así ha sido durante la vida editorial del mundo, desde que la gente tiene la necesidad o gusto de saber más, de adentrarse en lo que sucede alrededor suyo. La variedad o diferencia está en la naturaleza de cada grupo de individuos: unos buscarán una reflexión, visos a lo que pueda suceder a distancia; otro, el detalle morboso de la nota, las entretelas, el cotilleo.
En el primer caso, tienen una vida transitoria, están sujetos a un tiempo, se describen a sí mismos y en ellos está su mortandad, las más de las veces, precoz; a pesar de ello, no hay editorial de peso que no encargue un libro que describa lo que se encuentra en torno al tema en boga. Editorialmente significa sumarse a la cresta de la ola, compartir el botín, ser partícipes del hambre particular y momentánea del lector. Sucede entonces, al tiempo, la imagen más significativa: cuando se hace la purga de los libros en casa, los primeros en salir son esos títulos, máxime si después hubo hechos que contradijeron sus aseveraciones. El tiempo se cobra caro, sobre el autor y el lector, su arrogancia.
Es distinto con la literatura, con la narrativa en particular. El o los temas, para ser narrativizados, deben estar tan en boga para que justifiquen su recreación en ese mundo ficticio. Al final, son también libros de coyuntura, pero podrían, en un caso ideal, trascender su condición. Depende de la buena o mala mano del autor, de lo que nos diga, posiblemente de que no se convierta es un mero borrador escrito con premura. Y para cualquier lector es fácil distinguir quién nos acaba de robar, risueño y orondo, con el peor de los libros posibles.
Finalmente, al espresso doppio, amohinado con la fundación de un supuesto género -según el escritor de ese su mismo género- me quedé cavilando quién precisa novelas o narraciones literarias del narco, qué puede hurgar, más allá de lo narrable en tanto acciones y creación de personajes, un autor. Tan presente diariamente, podría ser exactamente ello: ahondar en la personalidad, en los motivos, los trayectos de un personaje hasta el punto en donde lo vemos, ahora mismo que lo escribo. Desde luego eso precisa una pluma incisiva, con algo de intriga policíaca, o reinvención de… un género; no obstante, el grueso de los libros que podemos ver en los estantes son meras historias desarrolladas a partir de las notas que leemos a diario, retazos amalgamados con una pericia meramente cronológica.
Asimismo, pienso en qué incita a un lector: las entretelas, la recreación o construcción de ese pensamiento que inclina a hacer lo poco imaginable, la recreación de ese mundo lateral que se nos muestra en la televisión, en los periódicos. Pienso en México, desde luego, ya que la mayoría de ellos no son un Paulo Lins; no han crecido en una favela y la han contado, vívida como suya.
En un país que no se precia de leer en demasía, los pocos lectores son un buen mercado editorial; aun siendo reducido, los intereses son variados (no todos están a la espera de la nueva de Javier Marías o la reedición anotada de Trilce) y tal como hubo hace algunos años la irrupción de la autoayuda como género (sic) y sus innumerables Chicken Soup for the… hay también lectores de coyuntura, quienes abrevan de esa moda, y habiendo recepción, lo de menos es decidir, como autor o editorial, un libro por encargo.
Sigo pensando en el artículo, en lo narco noir en la literatura, quizá sea más.. noir que lo real maravilloso, creo. Me voy a la vera de Insurgentes, pensando en que ahora mismo quisiera estar en Veracruz.
Originalmente como “Los dividendos del botín”, en Parteaguas, 2011
Atrás da porta
Publicado: agosto 15, 2011 Archivado en: Imago Deja un comentario »
San Miguel Allende
Catorce años ha
Publicado: agosto 9, 2011 Archivado en: Aquesta inventio Deja un comentario »Le escribí un par de versos, catorce años ha. Los tenía en un cuaderno verde de pastas duras, cien hojas rayadas. Aquéllos versos los imprimí, rudimentariamente, en una máquina de escribir ahora y por siempre obsoleta. Hablaba de sus anteojos y de lo mucho que la embellecían. Yo recuerdo sus labios y sus ojos tras esos cristales, no como en esos años, mucho menos con el respiro de esos versos. Sin embargo aún sé deletrear las primeras palabras, el primer enunciado… y su nombre.
Me escribe hoy, pausada y sonrientemente, que se ha reencontrado con esos papeles impresos donde venían mis versos. Yo sonrío también, y difícilmente sé si sonrojarme o sentir que algo se ha completado. Los versos, esos míos que eran y son suyos, permanecen en sí y para ella, como desde el primer trazo de aquella palabra que hoy volví a recordar.









