Cfr.

12Ago09

“Tenía, pues, el estilizado y elástico cuerpo de las bailarinas, la gracia de las bailarinas y en cierto modo las limitaciones de las bailarinas que difícilmente pueden admitir la presencia de otro ser humano entre su cuerpo y el espejo que imaginan tener siempre enfrente de sí mismas”.

G.C., Tres lindas cubanas


interio

Corremos. Tenemos diez minutos para ver si entramos, si podemos. No sabemos qué, quién, cuánto, sólo queremos entrar. A dos pasos, subo las escaleras; ella camina un poco atrás. ¿Quién está?, ¿cuál? Sentados al fin, vemos el programa, no sabremos si nos guste o si sean vanas florituras. Haydn nos desconcierta con su decimotercera, melosa, simple, niña sinfónica en un mayor re que nos mece. Chávez percute, tambor casi en mano, y el piano… Con eso bastaría para bien vivir.

Nos hubiéramos ido, pienso, en el intermedio, porque ella brega con el sueño: Mendelssohn y su noche de verano rediviva, cantada, soplada, con el apuntador de frente a nosotros. Vaga narración de un cuento no sabido pero reconocido.

Salimos ufanos, críticos, y de la mano. Bien nos vale una cena con caracoles y sopa de miso; bien nos vale el no dormir.


balancier

12Jul09

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El vino no lo terminamos; frío, en la nevera, ha esperado a hoy. Por la mañana nos había un sueño discreto; lo veneramos con una sopa inventada de alubias, pimiento verde, zanahoria y pollo. Tuvimos que poner de nuevo la olla, media hora, a que se ablandara pacientemente todo. El vino en esta hora temprana sabe a buena tierra. Habríamos de tener un viñedo, aunque fuese mínimo; haríamos poco pero sería nuestro -le digo-; ¿te imaginas un Pinot Nero/Noir tan nuestro que no no sepa ni a recuerdo?

Le canto “Je suis un balancier” y “Cangote”; me voy a ella y no pienso; me voy y dejo que hierva, poco, la sopa, lo suficiente para que el vino no me entorpezca. Si tuviéramos una olla inmensa haríamos un puchero para un regimiento, aunque fuésemos sólo nosotros dos comiendo y cuchareando.

Le y nos sirvo más vino, se nos había olvidado que llovía y que llueve por toda la noche y que no es enero y que no es diciembre y que se nos ha olvidado comer.


Rilke}Rulfo

07Jul09

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25Jun09

Viajamos; vez primera. Valijas, ungüentos, música para algunos años –más de los previstos-, y sin boleto de regreso. No hemos sabido de dónde, pero viajamos. La miro, la escucho; es tan ella que bien nos vale la pena naufragar o acaso arribar.

Veo por la ventana y antes del paisaje está su reflejo: es ella quien también ve el mío, en ese punto donde acaba de pasar un huizache. Camino de surcos donde terminamos de soñar y pensarnos, maizales, riachuelos, costras de tierra.  Vez primera, le digo que tras aquel cielo nos encontraremos.


venus

Vía El País


Almodrote

12May09

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“Tomarás perdices y después de bien peladas ponerlas has entre el rescoldo y desque hayan estado un espacio de un paternoster sacarlas y limpiarlas de todo y asarlas y darles su lardo abastadamente y después que estén asadas, cortarlas como para hacer platos de ellas, y después rallar buen queso de Aragón que sea fino y tomar dos cabezas de ajos asados entre el rescaldo y después mondarlos muy bien y limpiamente y majarlos en un mortero y después poner el queso en el mortero, y tornarlo a majar todo junto, y mientras que lo majares echarás en el mortero una buena cucharada de manteca con algunas yemas de huevos, y majarlo todo junto, y desque sea todo bien majado desatarlo con buen caldo de carnero que esté medio frío, porque si fuese muy caliente haría tomar el queso, y después hacer rebanadas de pan y tuéstalas y ráelas de la quemadura y después escaldar o remojar estas rebanadas de pan tostadas, con buen caldo de carnero en una aljafana o plato hondo, y después sacarlas y ponerlas en un gran plato alrededor; de esta manera: un lecho de rebanadas y otro de perdices y de esta manera henchir el plato un estrado de rebanadas y otro de perdices, y desque esté lleno el plato echarás almodrote encima de todo y después tomar manteca derretida y esparcila sobre el plato”.

Rupert de Nola

Lybre de doctrina Pera ben Servir: de Tallar: y del Art de Coch

1520


Bouguereau_Biblis_(1884)


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“Pren vna gallina q<ue> sie mes de mig cuyta en olla: e talla la axicom si la hauies a donar a ton senyor: e apres pren bona carn salada que sia grassa e çoffregir la has ensemps ab vna poca d<e> ceba: e apre que es çoffrida met hi la gallina: e çofregir sa ta<m>be. e pre<n> ametles que sien torrades e pica les: e me hi codo<n>ys o peres que sien cuytes en mel: e pren los fetges deles gallines e met los a coure embrases: e apres que sien ben cuyts met los enlo morter deles ametles e picao tot plegat: e apres pren vna molla de pa que sia torrat e remullat ab vinagre blanch e metras lo tambe enlo morter p<er> ques pich tot plegat: e com tot aço sia picat destemprau ab brou del gallines que sia bo d<e> sal: e passar ho has tot per vn sedas: e apres met ho en vna olla e aximateix la gallina: e met hi de totes salses fines per lo semblant: e met hi aximateix bona qua<n>titat d<e> sucre. E aquesta salsa vol esser algun tant agreta: e co<m> sia cuytta la salsa met hi vn poch de joliuert que sia tallat menut dins [XII] enla olla: e fes scudelles qua<n>t sien fettes metras hi desobre sucre e caneylla: e axi se fa lo Janet de Gallines”.

Rupert de Nola

Lybre de doctrina Pera ben Servir: de Tallar: y del Art de Coch

Barcelona, 1520


La peur

29Abr09

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Algo nos mete miedo, pero no le hacemos caso. Tiembla por la mañana, se va la luz en la noche y una epidemia cruza la ciudad lentamente. No nos importa, mucho; en un arrebato decidimos hacer una tarde tropical: aguachile y cebiche, cervezas y ventanas abiertas. Bailamos un rato, norteño, salsa, merengue, luego nos vamos con los corridos, luego con el “Nessun Dorma”. Es un reino, el nuestro, de chiltepín y recetas tradicionales, y nos ufanamos de no permanecer en cuarentena, aunque afuera no se pueda hacer nada, aunque afuera no se pueda ni oler lo que mina las calles.


“Qviero poner aquí algunas potajerías de legumbres: y esto hago (como tengo dicho) para los mancebos y mugeres, que siruen a algunos señores, y no saben estas cosas, aunque parecen muy fáciles. El manjar blanco para vna pechuga, sacarla has de la gallina acabada de matar, y tendrás la olla coziendo, y échala dentro, y cueça hasta que esté casi acabada de cozer: luego deshílala muy menuda, y échala en vn caço, y échale medio quartillo de leche, y bátela con el cucharón, de manera que no se corte: luego échale vna libra de harina de arroz, y échale otro poquito de leche, y bátelo muy bien: luego vele echando leche, y trayéndolo a vna mano hasta que tenga cinco quartillos, y échala vna libra de açúcar, y si le echares cinco quarterones será mejor: échale vn poco de sal blanca, cantidad de vn panezillo de los de Madrid, y pon el caço sobre vnas tréuedes con buena lumbre de tizos de carbón, y tráelo a vna mano con mucho cuidado, porque no se queme, ni se ahúme: y quando començare a quajar bátelo muy bien: tardará en cozerse tres quartos de hora, poco más, o menos. Para ver si está cozido toma vn poco en la punta de de vn cuchillo, y déxalo enfriar vn poco, y llégalo a la mano, si no se pegare estará cozido. Aduierte, que si hazes muchas pechugas juntas, como si fuessen seis, no pueden lleuar tanta leche, que a seis pechugas bastarían siete açumbres de leche, y si no fuessen muy buenas las pechugas, aún sería mucha leche, porque trabajan más las pechugas, y se deshazen más, y no pueden lleuar tanta leche, porque saldría el manjar blanco blando. Otro manjar blanco se haze con más leche, y más açúcar; mas yo me atengo a este”.

Martínez Montiño, Francisco,

Arte de cozina, pastelería, vizcochería  y conseruería…,

Madrid: Luis Sánchez, imp., 1611.


Foja 5. Wiertz

22Abr09

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Poco a poco, cada sábado, rendimos tributo a nuestra religión. Frente a un plato ritual de escamoles, regocijamos a los dioses, ofrendamos nuestra digestión a los cielos y al Mictlán. Luego, al son de un rezo por el tuétano al horno, nos reconocemos humanos: el pato con salsa dulce de chile manzano fue demasiado. Somos dos principiantes buscando cada tanto regocijar a nuestros antepasados y a nuestro linaje, reflexionando el carácter intrínseco de los elementos, de las cocciones, de la ausencia de potajes o de la suavidad de las salsas. Antes, en el principio, fue la sopa miso, hoy no podemos dejar de ofrendar casi cualquier cocina, sea esta asiática o mediterránea. Somos parte de una grey glotona, sin más evangelio que los sartenes y los odres de vino. Después, somos nosotros paladeando y paladeándonos, lenta y pausadamente, como se hace la mejor de las recetas, como se hace el mejor de los reinos.


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Por la mañana

13Abr09

Nos gusta encerrarnos por días. Recibir visitas en desorden, olvidar que estamos en otro lugar. Por la mañana, ya tarde, nos preparamos un rooibos, pan con tomate y olivo. Periodo de sanidad, dice ella; se nos olvidó ir a la tienda, digo yo.

Cansados de ya no esperar, ponemos una película con litros de agua mineral al lado. De pronto se levanta eufórica, “ya pasaron los tres minutos del té”, y corre para impedir su amargor. Una bella que sabe preparar té, pienso.

Descansamos, nos vemos a los ojos, nos tomamos fotos casi desnudos y volvemos a soñar con este fin de semana suspendido en el tiempo, solos, encerrados, recibiendo visitas, cerrando las ventanas al día.


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[...]

03Abr09

Porque acaso sueño que me tiende la mano, ambarina, sobre la rodilla, y estamos en cualquier lugar. Se va y no recuerdo, y al despertar la cama pareciera una fila india horizontal de nombres y pieles. Pero es ella quien va detrás de mí, no bailando sino deteniendo la respiración para que no la vea pero sepa que está ahí, señoreando. Porque la detengo, acaso; me tiende la mano, y es lo único que recuerdo ya pasadas las 4 de la mañana. Porque acaso sueño más con su nombre que con la piel suya que olvido, o he olvidado. No me dice nada, se va, y estamos en cualquier lugar, en el del principio que fue siempre nuestro final.


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Lijándonos

31Mar09

Nos da por enmuinarnos, en octubre o en febrero. No nos hablamos; manejo y ella me va manejando al alimón. Debería atarla al volante y dejar que vague a placer mientras yo piso el acelerador, o juego con el embrague, o fuerzo la tercera para continuar.

De pronto, somos ella y yo frente a una ensalada de endivias con salmón, un plato de seis caracoles –seis sólo-, y un tartare untuoso. Nos bebemos el vino a medias, por la muina. Enseriados, nos vemos los flancos para descubrir alguna debilidad. Yo lo he descubierto: la beso en los labios, levemente como un roce de espuma. Después compramos una manita rascadora, y el orbe se alegra, se retuerce, se doblega, mientras nos seguimos rascando como cuando no amamos de verdad.


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Vendredi

27Mar09

Retrocedo, es viernes, lo suficientemente temprano como para abrir la ventana. Huele a agua y a madera hinchada. Río con la hormiga que mato, con poca furia, instintivamente. Saludo al día, y retrocedo a la misma sensación -Censier Daubenton-, incrédulo, vulnerable pero condescendiente. No pienso en nada, me siento en cualquier banca, pido un café, me sirven un vino como si no me entendieran (mejor, como si me entendieran), de la cosecha más íntegra, del terroir anhelado (ríos, piedra caliza, lluvia y nieve, la Lozere en el paladar).

Años después, la calle es la misma; veo el mapa, no sé dónde estoy, ni tampoco quiero saberlo. Ensayo los tentáculos para abarcar el territorio, el plan militar para no dejarme caer. Me acaricia una mano desconocida, poco a poco sé que es la ciudad en femenino. Cada paso es una sugerencia, un guiño, un cortejo. Me dejo ir, harto de Roma y sus deidades masculinas; aquí todo es femenino, la calle, las viandas, el paso, la lluvia que no mata pero alivia, la violencia callada pero presente, el árbol y la luna. No me canso, estoy aquí, aquí y… aquí. Maldigo y agradezco, miento madres y me hinco, barro y almíbar en la mente, pringado.

Retrocedo, es viernes, lo suficientemente temprano como para emprender la batalla. Me dejo ir, silencioso…


Aqua falsa

27Mar09

Dicen que soy de Calvillo, pero no, me siento más cercano, espiritualmente, a Pabellón de Hidalgo. Pobre, flamígero, embadurnado de cal, me gustan las cocadas y el pulque crudo. Hermano menor de Arteaga, mi casa es la del ciego que siente la tarde con la nieve de limón, a un lado de la supuesta morada del libertador (porque Hidalgo no durmió quizá más que una hora, y a ello se debe el topónimo).

Dicen que soy de Calvillo, porque me gustan las guayabas y el único sitio en donde el verde no está mezclado con el desierto. Que me baño en las presas, y mi cuerpo huele a estiércol de vaca; que me divierto cortando los nopales o descabezando peces, que sufro de una tranquilidad irritante. Dicen que soy de Calvillo, pero soy más cercano, espiritualmente, a Jesús María, pobre, mínimo, envidioso de la gloria del vecino. Que me gustan las gorditas de chicharrón, que la feria para mí es el único pedazo de vida que mantengo vivo.

Dicen que invento ser del mundo, que tengo la ciudadanía de un rancho, sin nombre, el cual no se ve desde la carretera, que en mi tierra no existen actas de nacimiento, que entonces diría “domicilio desconocido”; que Cosío no tiene nada que ver con Brugge, que no tengo casa, que olvido el destino, que este lugar no tiene nada que ver con Rulfo y sus llanos, que no hay más crónica que la del ser lugareño del invento.



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Nos iremos pronto, corazón. Tomaremos ese vuelo, abultaremos el vientre del avión con las maletas, el heno, el aguardiente y el pan. Sentiremos nauseas al despegar, y nos tomaremos la mano, sudorosas, trémulas, cuando en la pantalla veamos que no estamos más ahí. Algo habrá quedado del olor en aquellos páramos, algo que nos sabíamos, caminando. Nuestro destino será el de un ciervo en lejanía, el del sonido agudo posterior al volumen alto de los audífonos. Y tendremos a bien enceguecernos con otro cielo, más abierto o más cerrado; y no confundiremos el vino con nuestro cuerpo, ni con dios alguno. Pasará un tiempo, y aquello que nos llovía no será más agua, sino polvo. Pero estaremos viajando, caminando, buscando techo, arrastrando el heno y nuestras cobijas. Y esa esquina parecerá la idónea para fundar un reino, para establecer un imperio de algunos metros cuadrados. No recordaremos el mar, los lagos, el río, el viento; no recordaremos la lengua más que la nuestra, la particular. En esa esquina cosecharemos el trigo, haremos pan, redondo, brillante, con una costra fina, con sabor a abierto. Cada año será una marca en el costillar -presos de nosotros mismos-, y aquella balsa que nos trajo, bailando, se pudrirá bajo la cama. Daremos vuelta al calendario, planearemos aquella otra vida, la que inventamos, y el recuerdo no será sino la cicatriz en el torso, una seña solo, un corte superfluo, un punto más para besarnos. Recodaremos el calor en el frío, anhelaremos la nieve en el trópico, y olvidaremos, poco a poco, cómo llegamos, cómo veníamos, cómo nadábamos. Pero estaremos ahí, en el cuaderno, en el álbum, en las noches, en la lágrima por la mañana, en el estremecimiento del estómago por la madrugada, en las canciones que deletrearon el paso del tiempo en nuestros deseos. No sabremos quién que conocimos, dónde que paseamos, cómo que nos amamos, qué de la sintaxis, qué del miedo. Y volveremos a escribirnos como si estuviéramos juntos, inventando los nombres, las diligencias, aquella bolsa con fruta y pan de centeno, el próximo tren, la siguiente carretera. Y volveremos a renunciar a la tierra, al alimento, al aire, a la palabra, porque sólo tendremos el agua, la nuestra, la de siempre, la de todos los sueños.