A la vera de Insurgentes
Publicado: septiembre 14, 2011 Archivado en: Aquesta inventio Deja un comentario »Leía en el mítico Café de la Parroquia (campus Insurgentes) un artículo titulado “Surge el narco noir como género literario en México”, que en realidad es una entrevista a un escritor de ese género. Al calor de un ortodoxo filete a la veracruzana, me quedé pensando no en esa afirmación –cualquiera puede proferir la aparición de una corriente, género o temática al aire sin que ello suponga su fundación- sino en lo acomodaticio que puede ser incorporarse a una moda, en este caso, del tema.
Basta una hojeada por las librerías para ver la aparición de ese tipo de libros, sean narrativos o de investigación periodística, no sólo del narco como tema, sino de sus adyacentes, los socorridos temas en torno a. En términos periodísticos, esos libros de coyuntura están bien justificados, y así ha sido durante la vida editorial del mundo, desde que la gente tiene la necesidad o gusto de saber más, de adentrarse en lo que sucede alrededor suyo. La variedad o diferencia está en la naturaleza de cada grupo de individuos: unos buscarán una reflexión, visos a lo que pueda suceder a distancia; otro, el detalle morboso de la nota, las entretelas, el cotilleo.
En el primer caso, tienen una vida transitoria, están sujetos a un tiempo, se describen a sí mismos y en ellos está su mortandad, las más de las veces, precoz; a pesar de ello, no hay editorial de peso que no encargue un libro que describa lo que se encuentra en torno al tema en boga. Editorialmente significa sumarse a la cresta de la ola, compartir el botín, ser partícipes del hambre particular y momentánea del lector. Sucede entonces, al tiempo, la imagen más significativa: cuando se hace la purga de los libros en casa, los primeros en salir son esos títulos, máxime si después hubo hechos que contradijeron sus aseveraciones. El tiempo se cobra caro, sobre el autor y el lector, su arrogancia.
Es distinto con la literatura, con la narrativa en particular. El o los temas, para ser narrativizados, deben estar tan en boga para que justifiquen su recreación en ese mundo ficticio. Al final, son también libros de coyuntura, pero podrían, en un caso ideal, trascender su condición. Depende de la buena o mala mano del autor, de lo que nos diga, posiblemente de que no se convierta es un mero borrador escrito con premura. Y para cualquier lector es fácil distinguir quién nos acaba de robar, risueño y orondo, con el peor de los libros posibles.
Finalmente, al espresso doppio, amohinado con la fundación de un supuesto género -según el escritor de ese su mismo género- me quedé cavilando quién precisa novelas o narraciones literarias del narco, qué puede hurgar, más allá de lo narrable en tanto acciones y creación de personajes, un autor. Tan presente diariamente, podría ser exactamente ello: ahondar en la personalidad, en los motivos, los trayectos de un personaje hasta el punto en donde lo vemos, ahora mismo que lo escribo. Desde luego eso precisa una pluma incisiva, con algo de intriga policíaca, o reinvención de… un género; no obstante, el grueso de los libros que podemos ver en los estantes son meras historias desarrolladas a partir de las notas que leemos a diario, retazos amalgamados con una pericia meramente cronológica.
Asimismo, pienso en qué incita a un lector: las entretelas, la recreación o construcción de ese pensamiento que inclina a hacer lo poco imaginable, la recreación de ese mundo lateral que se nos muestra en la televisión, en los periódicos. Pienso en México, desde luego, ya que la mayoría de ellos no son un Paulo Lins; no han crecido en una favela y la han contado, vívida como suya.
En un país que no se precia de leer en demasía, los pocos lectores son un buen mercado editorial; aun siendo reducido, los intereses son variados (no todos están a la espera de la nueva de Javier Marías o la reedición anotada de Trilce) y tal como hubo hace algunos años la irrupción de la autoayuda como género (sic) y sus innumerables Chicken Soup for the… hay también lectores de coyuntura, quienes abrevan de esa moda, y habiendo recepción, lo de menos es decidir, como autor o editorial, un libro por encargo.
Sigo pensando en el artículo, en lo narco noir en la literatura, quizá sea más.. noir que lo real maravilloso, creo. Me voy a la vera de Insurgentes, pensando en que ahora mismo quisiera estar en Veracruz.
Originalmente como “Los dividendos del botín”, en Parteaguas, 2011

